LA TENUE FRONTERA ENTRE LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN

"Si a través de la observación consciente creamos,

y si a través de la contemplación entendemos lo que observamos,

entonces tenemos las claves -las ecuaciones - de la eternidad en nuestras mentes"

David Darling Físico y Doctor en Astronomía

Estando en la primaria en el Colegio Francés Hidalgo, el maestro Luis quien nos daba la clase de moral nos hacía reflexionar sobre sobre la grandeza de Dios, asegurando que el universo era infinito por obra del Creador.

Roberto, un niño muy espabilado para su edad, carismático, analítico y mientras el maestro Luis le daba un sorbo a su refresco “Jarritos", interrumpió la clase preguntando “Maestro y, ¿qué hay más allá del Universo?”

El Profesor esgrimiendo una sonrisa ante la ingenua y profunda pregunta de Roberto le contestó “Nada, más allá del Universo no hay nada porque el Universo no tiene límites”.

Todos en el salón, incluyendo a Roberto, nos quedamos confundidos con una respuesta que a nuestra tierna edad era confusa y nada contundente.


Sin darnos cuenta, el Maestro Luis había sembrado en nuestras mentes una gran inquietud, un gran dilema en donde la Ciencia y la Religión cruzaban sus tenues fronteras ¿estaba hablando de religión o de ciencia?


¿Es que acaso hay una línea sutil entre la Religión y la Ciencia?

Fue en ese instante cuando nuestro Maestro habló de la importancia de portarnos bien, porque “Dios todo lo sabe y todo lo ve", enfatizando que el hizo este universo de pequeñas partículas llamadas átomos, presentes en todas las Constelaciones, Galaxias y Planetas, presentes en todos los minerales, vegetales y animales de la Tierra y presentes por supuesto en nuestros cuerpos.

Por lo tanto, la materia con la que fue formado el universo es la misma materia con la que los seres humanos fuimos formados, es como si fuéramos los “Hijos del Universo”.


Han pasado muchos años desde aquella interesante y tremenda clase en donde Luis, un maestro sencillo de tercero de primaria, cautivo la atención de esos niños de 9 años.


Corría el año 1966 y el proyecto espacial Géminis estaba en su clímax, ya que el finado John F Kennedy había visualizado en 1963 que, antes de que acabara la década, los Estados Unidos de Norteamérica, pondrían a un hombre en la luna y lo regresarían sano y salvo a la tierra. Fue así que inició el proyecto Apolo llegando a su meta el 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong piso el suelo lunar declarando las históricas palabras “Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad"


El videoclip siguiente esta disponible con un clic (dura 11 minutos)

Y, así fue, ese gran salto para la humanidad nos llevó en pocos años a tener un gran desarrollo tecnológico y además a visualizar lo que mi Maestro Luis sembró en nuestras mentes, “hay una tenue frontera entre la ciencia y la religión”.


Parece ser que el siglo XXI, dará respuestas al acertijo humano y su correlación con el mundo cuántico y, sus implicaciones filosóficas y metafísicas y dejar así toda especulación cósmica.

Estamos ante el umbral en donde Ciencia y Misticismo se unen para ofrecernos respuestas a nuestro enigma como humanos y el universo que nos rodea.

A través de la ciencia y la historia del misticismo, estamos ahora conscientes de una gran verdad desvelada en los años cincuenta gracias al descubrimiento de los manuscritos de “Nag Hammadi” y, a las evidencias que dejó por escrito en el Siglo IV después de Cristo San Irineo, en contra de los Gnósticos, que sucumbieron a manos de los primeros padres de la Iglesia Católica al ser catalogados como herejes, palabra acuñada por San Irineo y que viene del latín hereticus, que significa opción.

El Gnosticismo casi sucumbió, pero, nunca desapareció ya que, como hilo conductor, resurgió en el catolicismo medieval través de los Cátaros y en el judaísmo a través de la Cábala, creando mucha incomodidad y malestar en la iglesia católica, a tal grado, que fueron de nuevo eliminados por decir la realidad que incomodaba a los líderes religiosos de su época.


Pareciera que ahora el Gnosticismo resurge gracias a los manuscritos de Nag Hammadi, haciendo contacto con la espiritualidad y con la ciencia de los habitantes del Siglo XXI, por esto hay recordar las palabras del Físico y Doctor en Astronomía David Darling autor del libro “Ecuaciones de Eternidad”:

"Si a través de la observación consciente creamos, y si a través de la contemplación entendemos lo que observamos, entonces tenemos las claves -las ecuaciones - de la eternidad en nuestras mentes".

Desde los escritos de principios del siglo XX por la Escuela de Edimburgo, sabemos que los seres humanos no somos meros observadores pasivos del universo, somos participantes activos en la creación de la realidad que no tiene límites.

Nuestros cerebros y cuerpos orgánicos tal vez hayan evolucionado al máximo de su potencial, pero nuestra conciencia aún está evolucionando.

Estamos al borde de una "explosión de la mente" -no muy diferente del Big Bang- en la que la conciencia humana heredará el universo.

¿Cómo y cuándo evolucionó la inteligencia humana? ¿Es posible que la conciencia exista después de que el cuerpo se haya vuelto obsoleto?


Tal vez parte de la respuesta está en las palabras de David Bohm:

“Podremos superar el problema de relacionar nuestra experiencia interior con la realidad externa, sólo si aceptamos la premisa de que, en cierto sentido, el hombre es un microcosmos del universo; por tanto, lo que es el hombre es una pista del universo”

David Joseph Bohm fue un físico estadounidense que hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la epistemología y la neuropsicología. Ha sido ampliamente considerado como uno de los mejores físicos cuánticos de todos los tiempos.


Por todo esto, es evidente que la línea sutil entre Ciencia y Misticismo (para evitar la palabra religión) se han entrecruzado, dándonos una conciencia distinta y renovada, esta Conciencia que ahora nos permite imaginar y visualizar lo que queramos y que nos permite creer en lo que queramos creer.

Esto me hace recordar a un famoso astrofísico qué impartiendo una conferencia en Boston, hablaba de las maravillas y de la inmensidad del Universo.

Al término de su ponencia, una señora de edad se levantó y le preguntó “Después de escucharlo hablar de la grandeza del Universo y de la Ciencia, en donde nosotros los humanos pareciera que somos míseras partículas simples y elementales ¿Cómo podré ahora creer en Dios?”

A lo que el astrofísico le contestó “Eso Señora, depende de que tan grande es el Dios en el que usted cree”.





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